martes, 8 de febrero de 2011

LA MEJOR HERENCIA DE MI MADRE

LA MEJOR HERENCIA DE MI MADRE.

Mayo 13, 2010
Si bien hoy en día nuestros hijos cuentan en mayor medida con ambos padres para ayudarles durante su crianza, en algún dilema o alguna preocupación, al final de cuentas resulta la misma ecuación, -papá y mamá no son la misma cosa- y siempre termina siendo la madre la que les ayuda a solucionar sus problemas.
Me declaro un “Mamón” por naturaleza, ya que pertenezco a un creciente número de personas que fueron o son criados solamente por sus madres, que en su momento se atrevieron a hacerlo pese al “qué dirán” de la sociedad o al estigma de ser “Mamás Solteras”.
Mi madre fue independiente toda su vida, y hace muchos años ya me habló de que sería lindo ver a los hombres ayudando en la crianza de los hijos y en las labores domésticas, porque sólo así, se entendería y valoraría en toda su dimensión el trabajo de ser madre, esposa y dueña de casa; eso sin contar que las mujeres hoy en día, necesitan cada vez más su espacio para salir a trabajar… Hoy le llamamos “Igualdad de Género”
Me enseñó a tratar bien a la gente, con amabilidad, respeto y cariño.
Aprendí de Ella dar y recibir afecto, a ponerme en el lugar del otro y no hacerles a mis amigos lo que no me gustaría que me hagan…Me enseñó a tener amigos. De seguro que nunca escuchó hablar de Daniel Goleman y su “Inteligencia Emocional “, sin embargo lo grabó a fuego en mi.
No recuerdo de alguna vez que me haya criticado o censurado, siempre se puso al lado mío para levantarme y elogiarme, para decirme “estoy orgullosa de ti”, “sigue adelante” o simplemente “en el otro partido jugarás mejor”… Un día me trencé a golpes con un compañero de curso al cual dejé un ojo enteramente morado, y mi madre insistió en que lo fuera a ver a su casa y le pidiera disculpas a él y a su madre.
- Pero, mamá, ni siquiera sé si me va a perdonar – exclamé.
-Ya lo sabrás, fue su respuesta.
De vuelta a casa me preguntó cómo me sentía. Recién ahí entendí la lección.
Siempre tuve los límites claros en cuanto a mis horarios, obligaciones escolares, entrenamientos y quehaceres domésticos. ¡Ay, pobre de mí! si osaba faltar a alguno de ellos, no podría practicar el Basquetbol, mi gran pasión.
Fueron varios los campeonatos provinciales, regionales o nacionales que me perdí por acomodar los límites a mi criterio. Sin embargo, a medida que fui creciendo, mi madre fue siendo más flexible y los límites se fueron ampliando, como los permisos para fiestas, las salidas con algunos amigotes o alguna polola que le presenté.
La confianza con mi madre era total, ya que su doble función de mamá y papá lo ameritaba. Con mucho orgullo recuerdo que abordé con ella los temas que para muchos aún siguen siendo complicados tocar con los adolescentes. Las drogas, el alcohol y la vida sexual a temprana edad, fueron temas tan normales como cualquier otro. No creía que hablar de estas actividades prohibidas era aprobarlas.
No necesitábamos a veces mucho tiempo para estar juntos, sin embargo nuestro espíritu juguetón, y las ganas de que alguna tarea escolar o doméstica se convirtiera en un juego, nos hizo pasar muy agradables momentos. Siempre me pareció divertido crecer con ella, sobre todo cuando fui más alto y podía cargarla en mis brazos…
Aún recuerdo lo que me dijo muy seria un día: “…Hijo, yo no estaré todo el tiempo contigo para vigilarte, ayudarte o aconsejarte, no te olvides que la vida muchas veces se parece a una jungla, sin embargo, hemos caminado mucho tiempo juntos y sé que siempre tomaras la mejor decisión…”
La Silvana me dejó el 10 de Mayo de 1996, sin embargo siempre vivirá en mí…

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